El multiverso de las lavadoras - La leyenda de las lavadoras

El multiverso de las lavadoras - La leyenda de las lavadoras

I - La leyenda del Tiempo

Nuestros ancestros, antes de inventar la escritura, transmitían sus conocimientos y su cultura de generación en generación a través de historias recitadas o cantadas con la intención de que no se perdiera todo aquello que había costado tanto aprender y que nos permitió cazar y comer a los mamuts para sobrevivirlos; o plantar verduras y atreverse a probarlas para después cocinarlas, conservarlas y finalmente incluso venderlas.

No cabe duda de que el origen de lo que somos, de nuestra cultura y de nuestra sociedad tiene su origen en la suma de experiencias, que, como especie, hemos ido atesorando desde entonces. No hace mucho, unos 4000 años más o menos, lo que vendría siendo una tarde de cine en la vida de un humano si lo comparamos con la el tiempo que llevamos existiendo como homo-sapiens, empezamos a guardar nuestras vivencias por escrito. Al principio sólo unos pocos y entre ellos, para variar, los griegos. Los griegos se dedicaban a escribir culebrones donde mezclaban historia, geografía, moral, religión, humor, ciencia…. Si Homero naciera de nuevo, acabaría siendo el guionista estrella de Hollywood y sus series serían reinas de la audiencia en “prime time”.

Disculpen mi disquisición, pero estamos a punto de llegar al meollo de este primer capítulo de Mitos y Leyendas del Electrodoméstico. Quería decir, pues, que en el momento de acumular en libros nuestra experiencia humana y con el devenir del tiempo esa base de datos manuscrita al alcance de más humanos que a falta de tv, móviles o consolas, no tenía nada más a mano que un libro para entretenerse, conseguimos separa la paja del grano, y todo aquello que no era veraz o real lo encasillamos en el genero “Mitos y Leyendas”. Este genero no era apto para el desarrollo científico y practico de la humanidad y ha quedado relegado al entretenimiento con más o menos relevancia.

Llegados aquí, si es que han leído esta parrafada introductoria, no tengo más remedio que reñirles. Echarles una bronca, didáctica, pero bronca, porque en el mundo del uso de los electrodomésticos, en plena era digital y donde la información está a unos segundos en el Google, ustedes se han quedado en los Mitos y Leyendas. Como especie hemos desarrollado la física cuántica, hemos llegado a otros planetas, casi todo el mundo sabe usar un móvil o un ordenador y solemos dar lecciones a los demás sobre comprar un coche o una televisión y, además por internet… pero cuando vienen ustedes a comprar una lavadora….

Hace más de veinte años que vendí mi primera lavadora. Y ayer vendí la última, por el momento. Y, a pesar de los avances tecnológicos acaecidos desde entonces, mis queridos interlocutores de entonces y los de ahora, seguían teniendo los mismos conceptos , que además por tradición oral ,ya en tres generaciones, son sólidos e inamovibles e igual de difíciles de derribar para este vendedor, aun emperrado en cambiar los criterios de uso, para su beneficio, de la mayor parte de los usuarios aferrados a las tradiciones del siglo pasado, transmitidas por aquellos que tuvieron la primera lavadora en la familia y que han dejado en herencia con amor y con rectitud a sus hijos y estos ya a los suyos.

Hoy nos enfrentaremos a los dragones y a los gigantes del lavado. Intentemos derribar mitos infundados y corrijamos malos usos que afectan al consumo y a la calidad del lavado.

MITO 1: Tiempo = Consumo.

Vamos a ver, partamos de que los electrodomésticos son maquinas y como tales su elemento principal es un motor. Si lo comparamos con un coche el primero consume energía eléctrica y el otro carburante (de momento). Cuando yo les pregunto que consume más al recorrer una distancia de 100km si ir a 100 Km/h o ir a 180Km/h. La respuesta es unánime. Llegaremos antes a nuestro destino, pero consumiremos más gasolina, además de infligir un mayor desgaste en neumáticos y motor.

Es decir, el resultado de esta ecuación es: A menor tiempo invertido en el trayecto gastamos más dinero (si además somos cazados por un radar o por un solicito agente de tráfico podemos elevar mucho el coste de nuestro meteórico viaje). Apliquen ustedes esta máxima automovilística a su lavadora y dejen de verla como un Fórmula-1, piensen mejor en la bisabuela lavando la ropa en el rio (permítanme la licencia histórica y no machista, los bisabuelos no bajaban al rio a lavar la ropa) Su lavadora es nuestro antepasado robotizado. Si la bisabuela tenia ropa del campo resistente y compacta tenía que frotar con intensidad incluso atizarle con la pala de lavar y eso requería tiempo, sin invertir un tiempo considerable por prenda era imposible conseguir un resultado aceptable. Pues eso es su programa de algodón, si ,si, ese que dura dos horas, ese que cuando ustedes ven en la pantallita chivata de su maquina escandaliza a la mayoría y les hace pensar que el gasto pecuniario de ejecutar esas dos horas de mareo para la poco sucia ropa ha de ser elevadísimo y les lleva a cometer dos de los mayores errores que se pueden cometer al intentar manipular una maquina semi- inteligente para que sirva a nuestras ancestrales creencias.

El primer error es buscar un programa alternativo en la rueda del programador que anuncie un tiempo más corto, aunque corresponda a un tipo de tejido que no tiene nada que ver con el tejido con el que llenamos la lavadora. Y el segundo error es utilizar el programa específico rápido o ultrarrápido. Esos programas que ustedes me piden que ha de tener la lavadora como condición “sine qua non”. Errores, por supuesto desde el punto de vista que estamos tratando de la relación Tiempo-consumo. Piensen en ello, más adelante recuperaremos estos programas y desvelaremos su condición de “error” pero sigamos con el programa normal “modo bisabuela”.

Las palas que hay dentro del tambor son las manos de nuestra abnegada familiar y las rotaciones de la lavadora su fuerza, al moverse la ropa dentro del tambor procedemos al frotado de la misma , teniendo en cuenta la textura de la ropa y la cantidad de la misma (8kg por ejemplo) ese tiempo, teniendo en cuenta que el aclarado, la toma de suavizante y el centrifugado son similares para casi todos los programas, ese tiempo, pues, es el justo y necesario para que nuestra ropa de algodón quede limpia.

Ahora hagamos esta reflexión: ¿Qué ha hecho la lavadora durante la mayor parte del tiempo? Girar ¿No? Y si se han fijado giros de poca intensidad con la fuerza justa y necesaria para que la ropa se mueva dentro del bombo y todas las prendas en su totalidad y por supuesto con el gasto mínimo tanto de agua como de electricidad. De hecho, los apuntes energéticos que aparecen en las etiquetas y en las instrucciones de las máquinas están calculados por los fabricantes con este programa que se considera estándar y esos cálculos suelen aparecer en forma de kW/h anual (aproximadamente unos 220 lavados al año) y ¿cuál es el resultado? Escojamos una lavadora de las más vendidas en la gama media, la cifra que aporta el fabricante es de135 kW/h, esto lo hemos de multiplicar por el precio de nuestra factura cuya media ronda, más o menos los 0,15€ el kW/h. ¡Exacto! No se han equivocado el coste de lavar nuestra ropa durante un año es de unos 20,25€. Si dividimos esta cifra por 12 meses, obtenemos que la lavadora significa un coste de 1,6€ mensuales dentro de nuestro consumo de la luz. ¿Qué pasa entonces si usamos otros programas que nos son los “largos”? Si usamos un programa más corto dentro de las opciones del programador que no corresponde a la ropa que intentamos lavar, el consumo no variara, pero la ropa no puede quedar bien lavada. Y si usamos un programa rápido o extra-rápido (que suelen seleccionarse fuera de la rueda del programador) el resultado es que aumentamos radicalmente el dispendio energético con un coste por lavado que puede triplicar, o más, el del programa normal. Fíjense. El hecho de dar giros y más giros no tiene un consumo perceptible, imagínense si no la fortuna que deberíamos pagar cuando tenemos un ventilador a tantísimas revoluciones funcionando días enteros en la canícula veraniega.

En cambio, el programa rápido para poder hacer lo mismo que el programa de dos horas en minutos debe utilizar temperatura de forma constante y aumentar la intensidad del lavado, aclarado etc. para conseguir los mismos resultados, con el agravante de que la mayoría de programas rápidos no admiten el 100% de la carga. Último argumento para zanjar el mito del tiempo y el consumo: Desde tiempos inmemoriales, lavadoras y lavavajillas presentan el programa ECO, programa especificado por el fabricante como el programa de mayor ahorro energético. Y como la mayoría sé que la mayoría de ustedes lo han probado en la intimidad. Saben que esos programas duran incluso hasta tres horas y han pensado “estos ingenieros de lavadoras no han lavado en su vida ¿cómo va a durar un programa económico tres horas?. Debe ser una conjura mundial para sacarnos mas dinero”. Me sabe mal ir tan contra corriente, pero esos programas lavan “por aburrimiento” con menos intensidad el consumo se reduce, es cuando la bisabuela esta con sus amigas en el rio y no tiene prisa, invirtiendo más tiempo porque frota con menos fuerza y energía la ropa, se cansa menos pero está más rato.

El mito tiempo anda de la mano con la leyenda del jabón en el tambor, el mito místico de la temperatura y la fábula de lo electrónico se estropea más. Pero eso lo abordaremos en una siguiente entrega de la Electro dimensión desconocida.

Cuídense y cuiden sus máquinas.

El vendedor Vendido

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